Alzando la voz

Guardar silencio, pretender estar de acuerdo, fingir indiferencia, no atrevernos a alzar nuestra voz; es lo más sencillo, y quizá hasta lo más seguro. Cuando hablamos de ir en contra de la corriente, tener una visión distinta a la que dicta la sociedad en la que resides, implica muchas veces ser excluido de esta o bien, que tus derechos sean violentados por atreverte a ser diferente.

No me refiero únicamente a cuestiones de preferencias sexuales, sino también a materia religiosa e ideológica. Encontrar disputas y polémicas en las redes sociales es muy común últimamente, desde cuestiones que discuten si el aborto es o no ético, hasta cuestiones cómo si el leguaje inclusivo es correcto o sólo destruye nuestro idioma. No planeo exponer mis creencias sobre estos temas, sino más bien hacer un análisis sobre como estas discusiones terminan volviéndose insultos contra quien piensa diferente.

Tuve una pequeña experiencia respecto a uno de estos temas en una de mis redes sociales, yo no pretendo que las personas compartan o entiendan mis posturas, pero sí que las respeten. Lo más gracioso es que los comentarios carencias de fundamentos y ni siquiera estaban escritos con una buena ortografía, mi impulsividad me hizo responder y luego me arrepentí; no me agrada caer en ese tipo de juegos sin sentido.

Hablar y compartir tranquilamente posturas sobre un tema, es muy distinto de atacar a otra persona sólo por pensar diferente. Es distinto expresar con respeto el porqué diferimos de una postura, a utilizar expresiones llenas de un sarcasmo agrío para decir que simplemente estás mal. Existe una línea muy delgada entre discutir como adultos un tema a utilizarlo para hacer de menos y tachar con adjetivos despectivos a los demás.

No te tiene que gustar lo que hace el resto del mundo, pero debes respetar a las personas que de manera pacífica y sin hacer daño a nadie, expresan lo que creen. No tienes que aceptar lo que creo cómo la verdad suprema, pero debes respetar mi derecho a tener creencias distintas a las tuyas. No tienes que hacer lo que yo hago, pero debes respetar mi derecho a hacerlo.

El mundo sería un lugar mucho más bonito sí en lugar de dedicarnos a criticar lo que otros piensan o hacen, nos dedicaremos a compartir ideas y conocimiento. Sería un lugar mejor si pudiésemos explorar la infinidad de posibilidades que la vida nos ofrece. Al final de cuentas, nadie, ningún ser humano, conoce la verdad absoluta de las cosas; nadie es capaz de ver entera y objetivamente las cosas. Siempre existe otro lado de la historia, y nos guste o no, siempre existen argumentos que soporten ambos lados.

Es incómodo entrar en discusiones en las que terminas siendo agredido verbal o por escrito por otras personas sólo por expresarte, pero es importante no dejar que esto nos detenga de expresarnos. No digo que nos metamos en discusiones innecesarias, sólo que cuando sea el momento correcto, tengamos el valor de alzar la voz y expresar nuestra opinión, guste o no.


Agosto 8, You’ve Got To Stand For Something  –  Aaron Tippin

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