El clóset no existe

“I’m supposed to be the one that decides when and how and who knows, and how I get to say it, that’s supposed to be my thing!” – Love, Simon

La expresión salir del clóset de por sí me desagrada, me molesta la idea de que sea algo por lo que todos aquellos que no nos consideramos heterosexuales debamos pasar; digo, no debería ser un secreto o algo que ocultar, es simplemente otra característica más de nosotros, el que más personas lo sepan no debería generar tanto estrés ni traer tantas consecuencias; el clóset simplemente no existe. Pero, no vivimos en mi mundo utópico, así que salir del armario y reconocerte a ti mismo como queer ante los demás es algo que sucede.

A veces quisiera tener todo el valor del mundo para poder ser quien soy y gustar de quien gusto sin atenerme a ningún prejuicio, pero en la vida real no siempre tengo el coraje de hacerlo. Alzo la voz cuando alguien critica a la comunidad a la que pertenezco, pero no siempre tengo las agallas hacer lo que deseo y mi corazón me pide, frente a otras personas. Me siento increíblemente cómoda en ambientes gayfriendly me siento con la libertad de ser yo misma en estos lugares, es una sensación difícil de explicar, pero me siento segura, sin miedo a ser juzgada o tachada.

Hace un par de días fui con mi pareja actual a una proyección de cine extranjero, el lugar es un poco bohemio así que en buena parte me siento cómoda y segura en él estando con ella. Pero esta vez fue diferente, no estaban sólo las personas bohemias de siempre, era un evento un poco más formal por lo cual hasta había un par de diplomáticos. Por casualidades de la vida me tope con una colega del colegio al que asistí, nos saludamos como viejas amigas y empezó la función. Una parte de mí se sentía culpable por no haber presentado a esa chica que me roba suspiros, otra parte de mí agradecía no haberlo hecho, no estaba lista para salir del clóset con viejas conocidas.

Mi pareja tomó románticamente mi mano a media proyección, no pude culparla, era lo que siempre hacíamos; dejé que tomara mi mano mientras cruzando la pierna trataba de ocultarlo; cómo si fuese un gran delito. Noté como su mirada, la de mi ex-compañera, se fijó en nosotras, tomé aire y traté de no prestarle atención. Terminó el filme y las personas empezaron a salir, quería abrazar a mi pareja pero el miedo me detuvo, pasé junto a mi ex-compañera y ninguna dijo nada, de repente éramos dos desconocidas. Caminamos hacía el estacionamiento tomadas de la mano en medio de la obscuridad, bajo ese manto de aparente seguridad que en algunas ocasiones proporciona la ausencia de luz; volví a sentirme segura.

La frase con la cual inicié este texto es de una película que vi hace poco y me gustó mucho Love, Simon, en una parte del filme Simon es sacado del clóset por un compañero que desea desviar la atención de sí mismo. Es uno de los momentos más duros de la película, sobre todo porque todo su mundo se viene abajo, todo cambia y no puede hacer nada para evitarlo; ni siquiera tuvo la oportunidad de poder salir por elección propia. En su momento me identifiqué con otros detalles de la película, pero cuando ocurrió el suceso relatado anteriormente, sentí como si de cierta forma estuviese viviendo ese momento.

Por cuestiones de la vida he estado inmersa en bolas de chismes en los últimos tiempos, ahora menos que el año pasado; eso deseo creer y sí no pues, al menos ya me encuentro mejor psicológicamente para afrontarlos. Por fin siento que estos saliendo del episodio doble depresivo del año pasado, estoy saliendo con una persona especial y distinta, estoy aprendiendo a conocerme y aceptarme; no sé si podría con el estrés y demás detonantes que el ser sacada del clóset traería como consecuencia a mi vida. No creo ser tan fuerte como para soportarlo; sé que en algún momento saldré sin más con todas las personas de mi vida, pero por ahora me basta y sobra con que las personas a quienes más quiero lo sepan y me acepten tal cual.

Sé que en algún momento tendré el valor de firmar con mi propio nombre lo que escribo en este blog, sé que en algún momento voy ser yo misma con todos a mi alrededor sin que me importe lo que digan o piensen; pero sé que por ahora es mejor cuidar de mi salud mental y aprender a ser fuerte para tener el coraje necesario para declarar ante el mundo que no somos parte de lo socialmente correcto, que tenemos el valor de desafiar a la sociedad y ser felices amando a quienes nos amen sin importar nada más. Sé que en algún momento tendré el coraje de pararme firme y no sentirme mal por desafiar el sistema; porque como un amigo muy querido me ha dicho en más de una ocasión, sos más valiente que muchos por atreverte a experimentar cosas nuevas y descubrirte a ti misma, algo así.

Por ahora, me limitaré a decir que hasta que ese día llegué, seguiré acá; aportando un poquito de mi forma de ver el mundo bajo un seudónimo que llevo tatuado en la piel. Seguiré acá, liberando las palabras que revolotean por mi mente exigiendo ser liberadas.


Agosto 3, En un cuarto casi rosa – Laura Pausini

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